Por que las mujeres duermen poco ?

 

El insomnio femenino es una realidad que la ciencia prioriza para entender por qué hombres y mujeres descansan diferente. Dormir mal no es solo cansancio; es un problema derivado de mecanismos que afectan el ritmo circadiano.

La biología femenina opera con un horario distinto. Entender esta distinción es clave, pues la falta de descanso impacta la salud mental y la forma en que el organismo procesa toda su energía diaria.

¿Por qué las mujeres duermen peor que los hombres?

El reloj interno femenino va más rápido. El ritmo circadiano, que regula cambios físicos, mentales y conductuales las 24 horas del día, es seis minutos más corto, una diferencia que crea un desajuste constante de cinco veces más intensidad entre el cuerpo y el horario social.

Esta fricción genera un agotamiento que se acumula día tras día. Es como intentar seguir una melodía que va más rápido que los pasos propios, provocando una sensación de desincronización permanente.

La melatonina, que regula el sueño y la vigilia, se secreta más temprano en el organismo de las mujeres. Biológicamente, se está lista para descansar antes, pero las obligaciones retrasan la hora de dormir, rompiendo el ciclo natural nocturno.

Las estadísticas confirman que las mujeres tienen el doble de riesgo de sufrir insomnio. Este fenómeno surge en la pubertad y se entrelaza con cambios hormonales como el embarazo o la menopausia.

La salud mental protagoniza esta ecuación ante el riesgo de sufrir ansiedad. El cerebro femenino tiende a la alerta emocional, lo que dificulta la desconexión necesaria para mantener el sueño continuo, como explica la American Academy of Sleep Medicine.

Existen barreras físicas como el síndrome de piernas inquietas, con una incidencia 50% mayor en mujeres. La apnea se diagnostica menos porque se manifiesta como fatiga o tristeza y no solo con ronquidos.

Las mujeres pasan más tiempo en cama, pero reportan calidad inferior. La clave es la fragmentación del sueño, llena de micro-despertares que impiden llegar a las fases más reparadoras del ciclo biológico.

El estrés actúa como un intruso que rompe la continuidad. Aunque se completen las horas, el sistema nervioso no logra relajación total, provocando una percepción de cansancio muy superficial y pesado.

Esta sensibilidad se agrava por el ciclo menstrual, donde las fluctuaciones hormonales alteran la arquitectura del sueño. Al despertar, la fatiga es persistente, como si el descanso fuera insuficiente.

Estos son los elementos que afectan la calidad del sueño en las mujeres, de acuerdo con un estudio publicado en Psychology, Health & Medicine:

  • Hormonas fluctuantes: La calidad varía según el ciclo menstrual y la caída de estrógenos en la vida.
  • Sistema en tensión: El estrés impide que los nervios lleguen a la relajación para una reparación plena.
  • Fatiga subjetiva: Se siente cansancio al despertar aunque el reloj marque haber cumplido el tiempo.

No dormir bien transforma cómo se procesa la energía. La región límbica, conjunto de estructuras cerebrales clave para las emociones, la memoria, se activa 1.5 veces más ante imágenes de comida. El cansancio secuestra la voluntad y altera las señales de saciedad en el cerebro.

El agotamiento debilita la toma de decisiones. Esto empuja a buscar azúcar para compensar la falta de energía, elevando el riesgo de obesidad y diabetes tipo 2 en las trabajadoras con turnos nocturnos.

Estas son las repercusiones de un descanso poco saludable:

  • Cerebro emocional: La mente reacciona con fuerza ante antojos cuando el cansancio nubla el juicio.
  • Comida por placer: El 66% de quienes no duermen bien buscan consuelo en alimentos dulces y grasos.
  • Riesgo cardíaco: La apnea no tratada eleva el riesgo de insuficiencia mucho más que en los hombres.

Entender que el descanso femenino es biológicamente distinto permite abandonar la culpa por el cansancio persistente. Reconocer estas diferencias resulta necesario para proteger el corazón y la mente.

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