Especialistas advierten que las dislipemias no presentan síntomas, pero aumentan el riesgo cardiovascular. La alimentación y el ejercicio son claves para controlarlas.
Tener el colesterol o los triglicéridos elevados —condición conocida como dislipemia— no produce dolor ni síntomas visibles, pero sí incrementa significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Así lo advierte el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunitat Valenciana, entidad que ha elaborado la guía Nutrición Primaria con recomendaciones actualizadas para el manejo nutricional de estas patologías.
Las dislipemias forman parte de las llamadas enfermedades no transmisibles, junto a la diabetes, obesidad, enfermedad renal crónica y osteoporosis. Según datos citados por la entidad, este tipo de patologías representa el 82 % de las muertes a nivel nacional, lo que convierte la prevención en un asunto prioritario de salud pública.
¿Qué ocurre cuando el colesterol se eleva?
En un análisis de sangre se miden los niveles de colesterol total, triglicéridos y las fracciones HDL (colesterol “bueno”) y LDL (colesterol “malo”). Cuando estos valores se encuentran elevados —especialmente el LDL y los triglicéridos— se confirma la presencia de una dislipemia.
Esta condición suele estar asociada a otros factores de riesgo como la edad avanzada, el sedentarismo, la obesidad, la hipertensión, el tabaquismo, el consumo de alcohol y la diabetes.
Los nutricionistas Carlos Mudarra y Marta Dasí, autores de la guía, señalan que una alimentación adecuada puede reducir hasta en un 30 % el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles, lo que subraya la importancia del control nutricional en la prevención y tratamiento.
Qué hacer para bajar el colesterol
Los especialistas recomiendan adoptar cambios sostenidos en el estilo de vida, más allá de buscar únicamente la pérdida de peso. Entre las principales medidas destacan:
- Reducir el peso corporal, especialmente la circunferencia abdominal, un indicador clave del riesgo cardiovascular.
- Realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal y complementarlo con ejercicios de fuerza dos veces por semana.
- Abandonar el consumo de tabaco y limitar o eliminar el alcohol.
- Evitar el azúcar añadido en la dieta diaria.
- Reducir las grasas saturadas presentes en embutidos, carnes procesadas y mantequilla.
- Priorizar el consumo de aceite de oliva virgen extra como principal grasa culinaria.
- Incluir frutos secos y pescado azul, ricos en grasas insaturadas y Omega-3.
- Aumentar la ingesta de fibra a través de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
- Evitar alimentos ultraprocesados, altos en grasas, azúcares y sal.
- Favorecer la proteína vegetal y moderar el consumo de carnes rojas, optando preferentemente por carnes blancas.
La dieta mediterránea, aliada de la salud cardiovascular
La guía enfatiza que el patrón alimentario más recomendado es el mediterráneo, basado en frutas y verduras de temporada, legumbres, cereales integrales, pescado, frutos secos y aceite de oliva virgen extra.
Según Maite Navarro, presidenta de Codinucova, las recomendaciones nutricionales no solo impactan en la reducción del colesterol, sino que también mejoran la calidad de vida y contribuyen a la prevención de múltiples enfermedades crónicas.
Aunque el colesterol alto no genera molestias inmediatas, los expertos recuerdan que su control diario —a través de decisiones simples pero constantes— puede marcar la diferencia entre una vida saludable y el desarrollo de complicaciones cardiovasculares a largo plazo.
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